
Luis Lamas Novo, presidente de Sogama, en su despacho de la planta ubicada en Cerceda
Luis Lamas Novo (Lugo, 1971) preside la Sociedade Galega do Medio Ambiente (Sogama) desde el pasado mes de mayo. La gestora de residuos, creada en 1992 y participada por la Xunta (51%) y el Grupo Gas Natural (49%), tiene capacidad para tratar entre 500.000 y 550.000 toneladas de desechos anuales, en torno al 82% del total de los producidos en Galicia.
¿Qué Sogama se encontró y en qué Sogama piensa?
Me encontré con una Sogama saturada desde el punto de vista de la recepción de los residuos, una Sogama que estaba enviando unas 400.000 toneladas a un vertedero con una capacidad para cuatro o cinco meses. El riesgo, por tanto, era evidente. ¿Y en qué Sogama estoy pensando? Pues en una Sogama como la que se pensó cuando se creó. Es decir, si la planta es capaz de tratar entre 500.000 y 550.000 toneladas pues lo razonable es que trate esa cantidad. Lo que no es sostenible ambientalmente es remitir a un vertedero otras 400.000 toneladas al año. El vertedero, que en su día se concibió como un depósito temporal, solo está previsto para la parada obligada de Sogama o para aquellos rechazos que no puedan tratarse.
¿Y como modelo?
Cuando me hice cargo de la planta, encontré un montón de documentación en la que se hablaba de la reorientación de Sogama, pero sin que eso tuviese la más mínima plasmación práctica. Por tanto, era una mera declaración de intenciones. Me parece muy bien que se diga que Sogama va a ser una pieza clave en todo el entramado de las energías renovables, que se diga que va a superar su condición de gestor de residuos, pero es que yo no he visto que se concretara en nada. Me parece de sentido común que Sogama responda primero a lo que es su objeto estricto, que es la gestión de los residuos, y una vez tenga resuelto eso se plantee ampliar el campo.
Presentaron una auditoría en julio.
Antes de nada encargamos una auditoría medioambiental, no económica, que reveló el problema fundamental: el vertedero. Dicho claramente: la situación en el vertedero era una bomba. A partir de ahí elaboramos un plan de acción que ahora se está ejecutando, pero eso no quiere decir que vayamos a solventar los problemas que había de un día para otro. Tenemos un problema de generación de lixiviados que nos está obligando a reinyectar 2.000 metros cúbicos diarios, pero eso no se soluciona diciendo: “Mañana pongo diez depuradoras más”. Mire, hemos encargado una depuradora nueva, una depuradora de ósmosis inversa que tarda siete u ocho meses en que te la sirvan y con un coste brutal. Además, no se trata de depurar un mar: se trata de generar menos lixiviados. Yo puedo adoptar medidas en este momento para generar menos lixiviados pero los resultados empezarán a verse dentro de un año, no ahora.
“Dicho claramente: la situación que nos encontramos en el vertedero era una bomba”
¿Y el Plan de Residuos para Galicia?
Lo elabora la Consellería de Medio Ambiente. Ahí Sogama es un intrumento más, aunque creo que es un elemento clave. Están elaborándolo y la idea es presentarlo a la mayor brevedad.
¿Por qué cree que Sogama tiene mala publicidad?
Yo creo que el trabajo de Sogama no ha sido suficientemente valorado, y hasta cierto punto puedo comprenderlo en el caso de los ciudadanos pero no en el de los Ayuntamientos.
¿Por qué?
Pues porque cuando un ciudadano no es consciente de un problema, entonces tampoco valora que le den una solución. Esto puede compararse, si me lo permiten, con esa labor de prevención pasiva que realizan las Fuerzas de Seguridad. ¿Qué valoro yo? Pues si me roban el coche, lo denuncio y me lo encuentran. Lo que no valoro es el trabajo previo que hacen para que no me lo roben, eso no.
Y a usted le parece que con los residuos ocurre algo similar.
Sí, porque el ciudadano deposita la basura en los contenedores que tiene delante de su casa y al día siguiente, cuando se levanta, ya no está. Por lo tanto, no lo concibe como un problema. Sin embargo, a los ciudadanos hay que decirles que el problema empieza justo ahí, o incluso cuando consumen, pero no el problema de Sogama, o el problema de la Xunta, sino el de la sociedad en su conjunto.
¿Y cuál es la solución?
Yo creo que al ciudadano hay que hablarle a la cara y decirle: “Mire, esto es lo que hay, y las posibilidades de gestionar esto son éstas y con estos costes”. Así que con Sogama pasa como con otros servicios: los ciudadanos no son conscientes y los Ayuntamientos menos porque los Ayuntamientos han delegado la gestión de residuos y en muchos casos ya ni se preocupan. Buena prueba de ello es que uno de los primeros servicios que dejan de pagar es el de Sogama. Y no es porque ahora estemos en crisis, esto ya viene de atrás, aunque es cierto que la situación se ha complicado.
¿Cuánto le deben los Ayuntamientos gallegos a Sogama?
Ahora mismo tienen una deuda de 15 millones de euros, que se dice pronto. Hay Ayuntamientos que no pagan aunque tengan fondos y otros, evidentemente, no los tienen. Yo me pregunto si harían lo mismo con una empresa que les corta directamente la luz. A Sogama, sin embargo, le resulta muy difícil dejar de prestar su servicio porque entonces no castigaríamos a la Corporación infractora, si se me permite la expresión, castigaríamos al ciudadano.
“¿El Ayuntamiento de Pontevedra? Aquí los que no pagan son los que más reclaman”
El conselleiro de Medio Ambiente, Agustín Hernández, le llamó la atención en el Parlamento a Pontevedra por este motivo.
El caso de Pontevedra es paradigmático porque cuando sucedió la polémica de los voluminosos, que no fue otra cosa que cumplir la Autorización Ambiental Integrada, fue el primero que dijo que iba a poner este asunto en manos de sus servicios jurídicos al entender que contractualmente Sogama está obligada a hacerse cargo. Y parece que van a ir al juzgado. El fondo de la cuestión es que aquí, el que no paga es el que más reclama. Yo he leído al alcalde de Pontevedra (el nacionalista Fernández Lores) las siguientes declaraciones: “Yo no creo en el sistema Sogama”. Pues me parece muy bien, me parece perfecto. Ahora bien, lo honrado y lo deseable es que si alguien no cree en un sistema pues que no lo use. Ahora bien, si lo uso, al menos tengo que pagarlo, crea en él o no crea. Esto hay que decírselo claramente a los ciudadanos porque Sogama no es el matrimonio de Jaime I y Berenguela: aquí usted puede irse y montar su propio sistema, como hizo A Coruña en su día. No se puede olvidar que la competencia en gestión de los residuos es municipal, no de Sogama o de la Xunta. Además de la incoherencia que supone decir una cosa y hacer la contraria, me parece una falta de respeto porque a los ciudadanos de Pontevedra le están cobrando la basura.
¿De cuántos Ayuntamientos morosos hablamos?
Hablamos de Ayuntamientos y mancomunidades. Es difícil dar una cifra porque están clasificados en tres grupos -A,B y C- en función de la cuantía de la deuda, el número de facturas y la antigüedad de la misma. Puedes encontrarte Ayuntamientos pequeños que deben cuarenta facturas de 2.000 euros y otros grandes que adeudan una factura superior a los 200.000 euros, pero que están pagando. Nuestro problema son los de tipo A, es decir, los que deben mucho dinero y no pagan. En concreto hay cuatro entidades que concentran casi el 60 por ciento de la deuda, que es lo que nos está tensionando la tesorería y conduciendo a una situación delicada.
¿Cómo les afecta el hecho de que apenas se clasifique en origen?
No supone un coste económico, ya que Sogama cobra por tonelada. Es un coste medioambiental como el hecho de que generemos residuos, en muchos casos, de manera totalmente innecesaria. A nosotros nos satura y los Ayuntamientos renuncian a un ahorro importante.
Usted ha visitado recientemente la planta de Colonia (Alemania). ¿Está desfasado el modelo Sogama, como se dice, en relación con el modelo de la Europa central y nórdica?
Sobre este asunto, invito a todo el mundo a que navegue por Internet. Afortunadamente, todos tenemos capacidad de buscar información hoy en día. Yo no creo en ese chip de algunos políticos de ocultar información: todo lo contrario, cuanto más se informe, mucho mejor porque, además de aportar conocimiento, la ciudadanía lo valora. Si viajamos a la llamada Europa avanzada, por ejemplo a Alemania, nos encontraremos que cuenta con 73 incineradoras operativas y dos en construcción. Estamos hablando de un país que debe andar por los 80 millones de habitantes. Esto quiere decir que salen a poco más de un millón de alemanes por incineradora. En Galicia somos casi tres millones y tenemos una. Todos los estados importantes de Europa, me refiero a Alemania, Francia, e incluso los países nórdicos -que tienen una cultura ambiental socialmente muy avanzada- utilizan la tecnología de valorización energética aunque, efectivamente, no de manera única. Pero para comparar: Colonia tiene en la misma planta una incineradora de 740.000 toneladas y una planta de compost de 90.000 toneladas.
“El Gobierno de Socialdemócratas y Verdes siguió construyendo incineradoras en Alemania, que tiene 73 plantas de este tipo operativas y otras dos en marcha”
Un compost con muy buena fama.
De primera calidad. ¿Pero por qué? Porque el compost de Colonia no es el que se hace por aquí. Allí utilizan restos de poda de la propia ciudad, es decir, de los propios jardines, y seleccionan muy bien el residuo orgánico. Por eso obtienen un compost excelente. Hasta en las fotos que me he traído da la sensación de que es tierra vegetal. Por contra, el compost de la mayoría de plantas de España no te atreves a echarlo en el jardín y menos en la huerta. En Alemania se siguieron construyendo plantas de incineración cuando estaba gobernada -no hace mucho- por los socialdemócratas y Los Verdes. ¿Cómo es esto posible?; ¿los ecologistas son menos ecologistas en el resto de Europa que aquí?; ¿o es que el sistema es igual de bueno-malo allí que aquí?
Entonces no vislumbra otro modelo.
Últimamente hemos recibido visitas de Mar del Plata o Brasil porque quieren copiar el modelo Sogama. También vienen del resto de España. No veo factible un modelo sin valorización energética.
La reducción de residuos, que es uno de los grandes problemas de fondo, ¿pasa por la educación?
Sí, si se invierte en ello, aunque nunca es suficiente. Tengo fe en los niños, en los más pequeños. Por mi experiencia, educarles es el método más eficaz para instaurar conductas medioambientales. Si logramos que el niño asuma el hábito de reducir y separar la basura, estoy convencido de que se lo va a transmitir al padre o a la madre.
¿Hay tiempo suficiente para que esos niños se hagan mayores?
Habría que combinar las acciones educacionales con otras de tipo coercitivo. Toda acción humana supone un impacto ambiental: la clave está en minimizarlo. No pierdo la esperanza.
¿Debería estar Sogama, o más concretamente un problema genérico como la gestión de basuras, fuera del debate político?
Si la sociedad comparte esa tesis, los representantes públicos o políticos solo tienen un camino: llevarla a cabo. De lo contrario, los arrollará el tren. Mi opinión es que un acuerdo de mínimos resulta absolutamente necesario.
¿Tiene usted alguna costumbre, llamémosla, ecológica?
Como todos. Como anécdota puedo decir que soy de los que apaga constantemente las luces. Por ejemplo, cuando llegué aquí, caí en la cuenta de que el salón de actos de la primera planta siempre tenía las luces encendidas y yo venga a apagarlas. Otro ejemplo: tengo dos niños, de 6 y 3 años. Pues bien, la ‘wii’, a diferencia de la ‘play’, no se apaga, permanece en ’stand by’. Por eso la desenchufo. Hay que instalarles esta cultura desde pequeños porque de críos son como esponjas.
¿Se lo pensó bien cuando le propusieron la presidencia de Sogama?
Si no lo hubiese hecho sería un irresponsable. Había gente que me decía que si asumía el cargo tenía muchas posibilidades de acabar en un juzgado. Mi idea es gestionar esta sociedad lo mejor posible.
“Sogama no es un balneario, pero tampoco quema si se gestiona con sentido común”
¿Quema Sogama, política y personalmente hablando?
Hombre, esto no es un balneario, pero estoy convencido de que tampoco quema si gestionamos con sentido común. Aún no he cumplido un año, pero me he encontrado una buena actitud por parte de unos trabajadores que hasta entonces vivían una situación un tanto convulsa y que se sentían discriminados. Ahora estamos tratando de normalizarla.
¿Y cómo?
Pues dejando claro que son los trabajadores los que tienen que sacar adelante la empresa porque la figura del presidente tiene fecha de caducidad. En este sentido, he buscado desde el primer momento su colaboración e implicación. En cualquier caso, no me gusta mirar por el retrovisor.