Si la arquitectura fuese sinónimo de integración en el entorno y respeto al habitante, Mike Reynolds tendría que figurar en los anales de las Facultades por delante de afamados arquitectos como Frank Gehry o Norman Foster. Pero no es así. “Imagina invertir sólo 39 euros en el mantenimiento de tu casa, que tu hogar aproveche la luz del sol para la calefacción y que el agua de lluvia se filtre para uso doméstico y regar plantas. Imagina, además, que no dependes del petróleo y que no contaminas”. Estas palabras de Reynolds, aparentemente plagadas de sentido común, revelan que lleva 35 años rompiendo las normas de la arquitectura más convencional y agresiva con las leyes de la naturaleza y del propio ser humano.
En los setenta, Reynolds comenzó a construir un poblado en un desierto de Nuevo México (EEUU) con latas de cerveza, botellas de plástico y neumáticos viejos. Los seguidores de este arquitecto estadounidense han construido en todo el mundo cerca de 2.000 viviendas llamadas “Earthship” (literalmente, nave de tierra). A Reynolds le han dado la espalda sus compañeros de profesión y la ley de su estado, que sólo desde hace unos años reconoce la validez de estas construcciones.
Su historia la aborda el documental “Garbage Warrior” (Guerrero de la basura). Michael Reynolds se formó en las escuelas de arquitectura de su país para después romper con las tradiciones que había aprendido. Y ha podido demostrar que cada botella de plástico o neumático que utiliza es, además de un ejemplo de reciclaje, una contribución al mantenimiento del planeta, a la lucha contra el cambio climático y a la dependencia de los combustibles fósiles.
Sus viviendas son autosuficientes casi en su totalidad. En ellas están integrados invernaderos que proveen de frutas y verduras a los inquilinos, además de un sistema de filtrado de agua. Su filosofía tiene una gran máxima: cualquiera puede construir su propia vivienda.
En los seis libros que ha publicado, el arquitecto explica el proceso de construcción. “Me he encontrado con cientos de casas en todo el mundo”, cuenta. La que más le sorprendió es una construcción en Siberia. “Si bien no es 100% autosostenible, demuestra que el modelo se puede adaptar a climas extremos”, afirma.
Tras el tsunami que en 2004 afectó a buena parte del golfo de Bengala, Reynolds y su equipo se desplazaron a las islas Andamán (India) para la reconstrucción. Allí levantaron catorce viviendas totalmente ecológicas e instruyeron a los arquitectos locales. En 2005, tras el huracán Rita, desarrollaron un proyecto similar en México.
Reynolds asegura ser “sólo alguien que ha decidido vivir de manera distinta y aprovechando la basura. Además, en una casa en la que no inviertes más de 50 dólares al año, se puede vivir muy bien”.




