El barrio de Vauban, a las afueras de Friburgo, en Alemania, es uno de los más famosos ejemplos de “distrito sostenible” a nivel mundial. El proyecto, un vecindario libre de automóviles, el cual se inició en la década de los 90 y cuya construcción finalizó en 2006, fue diseñado para 5.500 habitantes. La historia de este lugar, que nació en 1937 con unos barracones para la Wehrmacht de Adolf Hitler, es muy curiosa: al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el ejército francés confiscó el lugar y le dio el nombre de Quartier Vauban; tras la reunificación alemana, los franceses se retiraron y el distrito pasó a manos de la ciudad de Friburgo en 1994.
Poco después, un grupo de ecologistas, en su mayoría de clase media, creó el Forum Vauban y empezó a negociar con el ayuntamiento. El resultado fue una comisión destinada a diseñar casas sostenibles. Se contrató a 60 arquitectos para llevar a cabo la reconstrucción del emplazamiento.
Aunque se permite la tenencia por parte de los residentes, todos los coches deben estacionarse en dos estacionamientos ubicados a las afueras del vecindario. Si alguien quiere tener un coche debe pagar €20.000 por dejarlo en uno de esos garajes. Para el transporte al centro de la ciudad de Friburgo se construyó una línea de tranvía y rutas para bicicletas. El resultado: el 70% de las familias que habitan en Vauban no posee un vehículo automotriz y hasta un 57% de ellas vendió el suyo en el momento de la mudanza.
Las casas del lugar fueron rehabilitadas con criterios de ahorro energético y varias de ellas alcanzan un impacto medioambiental igual a cero. La energía generada proviene de los numerosos paneles fotovoltaicos y colectores solares instalados y en invierno las calefacciones se nutren a través de una central que quema residuos forestales. Andreas Delleske, uno de los artífices del proyecto, se enorgullece profundamente de poder calentar su casa de 90 m2 por sólo 114 € al año. “Lo normal es pagar esa cantidad por la calefacción de un mes”, dice. También se las arregla sin tuberías para los baños y las duchas: los residuos se reducen a compost en inodoros ecológicos y el agua de la ducha y la vajilla se filtra y se usa para regar.
Otro aspecto interesante de esta colonia es que sus habitantes conforman un entramado social que comprende todas las edades y niveles de ingresos debido a un sistema cooperativo que incluye viviendas subsidiadas, residencias estudiantiles y desarrollos privados. Cabe destacar que para lograr un mayor uso del espacio urbano no se permiten las viviendas unifamiliares. La fama de Vauban es cada vez mayor. Cada día visitan esta localidad seis o siete autobuses… que aparcan a las afueras. En la entrada se encuentran con el eslogan: “Estamos creando el mundo que queremos”.
Al margen de los beneficios ambientales y la cohesión social que propone este proyecto, es importante destacar las oportunidades de negocio y el desarrollo económico local que implica el esquema mediante el cual se fomenta una cultura de emprendedores de todo tipo: productores locales de hortalizas, pequeños supermercados, centros de ocio y entretenimiento, prestadores de servicios, bancos, cafeterías, restaurantes, etc. Todos ellos con un flujo de clientes garantizado; sin mencionar las oportunidades visionarias aún no exploradas que genera este innovador y alternativo modelo de desarrollo urbano.
El beneficio más grande de este experimento es para los habitantes de Vauban, quienes gozan de una mayor calidad de vida sin tener que renunciar a las comodidades a las que estamos acostumbrados. Los residentes coinciden en que se trata de un lugar seguro, ideal para niños, tranquilo y saludable. De hecho, la zona rompe también con la fama de Alemania de tener una de las tasas de natalidad más bajas del mundo: casi un 30 % de sus habitantes son menores de 18.







En Patagonia, desde el Golfo de Penas hasta el Estrecho de Magallanes, estos nativos fueron llamados Kawesqar o Alacalufes. Por desgracia, hoy en día sólo existe una minoría de sangre pura Alacalufe, no más de 10 que viven en la remota aldea de Puerto Edén.
El diseño del EcoCamp de Patagonia, se inspiró en las chozas tradicionales de los Kawesqar, asemejando un iglú y un domo al mismo tiempo.La habilidad ingenieril instintiva de los Kawesqar hoy se comprende fácilmente. La estructura semi-esférica de los domos del EcoCamp, está formada por cierta cantidad de triángulos isósceles, que permiten que el desgaste producido por los fuertes vientos, se distribuya de forma homogénea. La velocidad eólica en Patagonia, habitualmente sobrepasa los 160-180km por hora, lo que hace extremadamente vulnerables lastradicionales paredes, rectas y planas, si la estructura es ligera. Otro aspecto importante, es que los cuerpos redondeados minimizan la superficie externa que se encuentra en contacto con el frío medioambiente, permitiendo menos intercambio de temperatura con el interior tibio. Finalmente, las semi-esferas daban a los Kawesqars el máximo espacio interior posible, en relación a la superficie que debían cubrir con valiosas y en ocasiones escasas pieles de animales.




